Mayo de 1810: El nacimiento de un camino, no de una nación

La Revolución de Mayo, óleo de Francisco Fortuny (1910).

Por Leandro Rojas.

Cada 25 de mayo, el calendario nos invita a una puesta en escena previsible. Reaparecen en la memoria colectiva las imágenes del Cabildo de los actos escolares: las damas antiguas, los paraguas bajo una lluvia persistente, las escarapelas celestes y blancas repartidas por French y Beruti, y el «negrito» vendedor de velas. Sin embargo, detrás de esa acuarela infantil y tranquilizadora que nos enseñaron a dibujar, se esconde una realidad histórica mucho más compleja, contradictoria y, por eso mismo, fascinante.

¿Nació la patria el 25 de mayo de 1810? La respuesta políticamente correcta suele ser un «sí» rotundo. Pero si miramos los hechos sin el filtro del bronce, la conclusión es muy distinta. Como bien señala el historiador Norberto Galasso, en aquellas jornadas de mayo estábamos lejos de querer separarnos de España. La Primera Junta no fue un grito de independencia, sino un acto de autogobierno de emergencia ante una España invadida por Napoleón y un rey, Fernando VII, que estaba preso.

La prueba de esto es contundente: los nueve miembros del primer gobierno patrio juraron fidelidad al monarca español y la bandera de la Corona siguió flameando en el fuerte de Buenos Aires por varios años más. Incluso la composición de la Junta echa por tierra cualquier relato xenófobo o purista: el presidente, Cornelio Saavedra, había nacido en Potosí (actual Bolivia) y dos de sus vocales, Juan Larrea y Domingo Matheu, eran españoles nativos. Mayo no fue una revolución antihispánica; fue una revolución antíabsolutista. Se buscaba terminar con la Inquisición, los títulos de nobleza y el monopolio comercial, no con los lazos culturales con la península.

El verdadero quiebre se produjo recién en 1814, cuando Fernando VII recuperó el trono, traicionó sus promesas reformistas y reimplantó el absolutismo más feroz, enviando flotas a reprimir a los pueblos americanos. Fue allí donde el camino de la autonomía se transformó, por obligación y convicción, en un camino de ruptura irreversible que culminaría el 9 de julio de 1816 en Tucumán. Por lo tanto, si ser patria significa ser soberanos e independientes, la patria nació en 1816; en 1810 lo que nació fue el proceso político para construirla.

Los mitos de color también merecen ser revisados para entender la época en su justa dimensión. Aquellos paraguas que inundan los dibujos escolares eran, en realidad, artículos de lujo escasísimos importados de Londres; los vecinos de la plaza se habrán protegido del frío y la llovizna con ponchos y galeras. Las escarapelas de Domingo French y Antonio Beruti tampoco eran celestes y blancas; eran cintas políticas (posiblemente blancas o rojas) que funcionaban como un salvoconducto para identificar a los «chisperos», los militantes que debían garantizar que la plaza fuera ocupada por quienes apoyaban la destitución del virrey Baltasar Cisneros frente a las maniobras de las clases pudientes locales que intentaban reciclarlo en el poder.

Hasta el propio edificio del Cabildo sufrió las consecuencias de nuestra conflictiva relación con el pasado. Aquella estructura original de once arcos fue mutilada en el siglo XX: primero se derribaron tres arcos del norte para abrir la Avenida de Mayo y luego tres del sur para la Diagonal Sur. El Cabildo que vemos hoy, recortado a solo cuatro arcos, es el reflejo de una costumbre muy argentina: la de demoler los símbolos físicos de nuestra historia en nombre de la modernización.

Desmitificar el 25 de mayo no le quita grandeza; al contrario, lo humaniza. Nos permite entender que la construcción de una nación no es el resultado de un milagro unánime en un día lluvioso, sino el inicio de un proceso conflictivo, lleno de marchas, contramarchas y debates profundos. El 25 de mayo no nació la patria, pero se encendió la chispa. El desafío actual, a más de dos siglos de distancia, sigue siendo el mismo de los hombres y mujeres de 1810: animarse a tomar las riendas del propio destino cuando el contexto parece derrumbarse.

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