A 40 años de la Noche de los Lápices

 

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Por María Macarena Gómez*

Ni la amenaza constante de caerse el cielo logró frenarnos. Bajo la consigna de «Como ayer, seguimos caminando ahora y siempre» conmemoramos el pasado sábado 17 los cuarenta años de la noche de los lápices, en el Espacio de la memoria de Hurlingham, organizado por la Dirección de Derechos Humanos del Municipio y la Comisión Memoria Verdad y Justicia.

MÁS AFILADOS QUE NUNCA

El cielo también se emocionaba, como muchos de nosotros, al ver como de a poco iba cayendo gente al baile. Porque si bien no se festejaba nada, el baile no faltó.

Distintas organizaciones de Derechos Humanos y agrupaciones sociales, culturales, políticas y gremiales preparaban sus stands alrededor del escenario, cuando al escuchar la melodía de Los Dinosaurios entendimos que nos debíamos acercar. Eran los chicos del C.A.J de la Escuela Secundaria N°3 de Hurlingham y su teatro leído, representando aquella noche donde un grupo de estudiantes secundarios del Bellas Artes fueron secuestrados por los usurpadores del poder, esa noche donde la crueldad no tuvo cordura. A más de uno se nos habrá puesto la piel de gallina. Luego llegaron las palabras de Iris Avellaneda, madre del Negrito, como lo llama ella, secuestrado y encontrado flotando en las aguas del Río de la Plata, también en el ‘76. Todos nos emocionamos con su testimonio y la aplaudimos al compás de 30.000 compañeros desaparecidos ahora y siempre.

El cielo se oscurecía marcando el fin de una tarde inestable, y con el anochecer los grandes talentos locales subieron al escenario para hacernos rockear. Los chicos de Múa Marae fueron los primeros en romper el hielo, seguidos por Desorbitados para el deleite de los rockeros. Y para los más paisanos, también se presentaron Vientos Conurbanos con su folklore, calentando motores para el zarandeo que vendría después.

Si de visuales se trata, Osvaldo Fuentes se encargó de coordinar el armado de la escultura de elaboración colectiva «30.000 razones», y por parte de la Asociación de Derechos Humanos, participamos del armado de un mural en memoria de los compañeros desaparecidos.

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TANTO EN LA FICCIÓN COMO EN LA REALIDAD

Oriundo de La Plata, pero que ya podemos catalogar de hurlinghemse, el actor Alejo García Pintos también dejó su huella. Él fue quien protagonizó la película de La Noche de los lápices, poniéndose en la piel de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes. Reivindicó con sus palabras a los compañeros desaparecidos y brindó un maravilloso testimonio sobre su experiencia en el rodaje de la película. Alejo nos contó que La noche de los lápices fue una emoción muy grande porque era el comienzo de su carrera como actor profesional y que se sabía que su filmación iba a generar un impacto grande en la sociedad.

MEJOR HABLAR DE CIERTAS COSAS

Si bien nos reunimos para recordar que los lápices siguen escribiendo, no pudimos hacer oídos sordos a otras cuestiones vinculadas a los Derechos Humanos que también fue importante destacar. Cercanos a cumplirse los 10 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, juntos gritamos exigiendo su aparición con vida. En tiempos en los que la impunidad judicial se juega a favor del genocida Miguel Etchecolatz, no pudimos mirar a un costado.

También firmamos un petitorio para la libertad de Milagro Sala, acercándonos al stand de las muchachas del Foro de Género de Hurlingham.

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ARBOLITO QUE ECHA RAÍCES

Ya pasadas las 20 y la noche instalada, fue el turno la Orquesta Cambalache de Yupana, escuela de música y artes, o cuna de talento de muchos, por lo que pudimos escuchar. La dulce voz de un niño interpretando Latinoamérica de Calle 13 nos tocó el alma a todos los presentes, y terminó con sorprendernos la invitación al escenario de Arbolito, que sumaron sus voces a las interpretaciones de Cambalache.

El cierre de la noche estuvo a cargo de Arbolito, que nos hizo bailar al ritmo de su música que ha logrado superar cualquier género formando un estilo propio. La fusión entre rock y folklore hizo que la alegría inunde el ambiente. Al final, pareciera que nuestros árboles, dejaron una suerte de raíz en nuestro suelo. Una raíz que poco a poco crece, no olvida, y grita fuerte nunca más.

*Estudiante de Ciencias de la Comunicación UBA

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