A 90 años del primer golpe de Estado: La conspiración local

Por Rody Rodríguez.

El 6 de setiembre de 1930 se produjo un golpe cívico militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen, mientras transcurría su segundo mandato. Fue la primera de muchas lamentables interrupciones a la Democracia. En esa rebelión en la que un militar conservador usurpó la presidencia, Hurlingham tuvo su participación a través de vecinos destacados en un contexto en el que el Partido de Morón, del que formaba parte Hurlingham, fue un escenario esencial en la asonada golpista.

“En el oeste está el agite” aseguran Arnedo y Mollo en la letra de “El 38”, uno de los primeros éxitos de Divididos. La afirmación más allá de la connotación rockera de los autores, también puede aplicarse a la política y a los episodios más oscuros de nuestra historia.

Por ejemplo, si se pretende ubicar puntos geográficos destacados de lo que fue el primer golpe de Estado en la Argentina en 1930, puede observarse que el oeste tiene un protagonismo singular.

Es más, el golpe que por primera vez desplazó a un gobierno elegido por el voto popular, nació en Morón.

Desde 1916 la Argentina era gobernada por la Unión Cívica Radical, primero por Juan Hipólito del Corazón de Jesús Yrigoyen hasta 1922, luego por Máximo Marcelo Torcuato de Alvear Pacheco, y en 1928 otra vez por Yrigoyen.

El segundo mandato de Yrigoyen coincidió con una grave crisis económica en el mundo. El crack bursátil de Nueva York, en 1929, trajo aparejada una caída de los precios internacionales de las materias primas y esto significó un duro golpe para la economía Argentina y su modelo agroexportador. Pero no fue lo único. El liderazgo de Yrigoyen era muy cuestionado por diversos sectores, desde conservadores, socialistas y hasta dirigentes de su propio partido, los autodenominados radicales antipersonalistas. Este panorama adverso fue aprovechado por los sectores más poderosos de la economía, que promovieron a las Fuerzas Armadas para que el 6 de setiembre de 1930, terminaran derrocando al primer jefe de Estado electo por el voto universal y secreto.

El militar salteño José Félix Benito Uriburu encabezó la conspiración e hizo base de operaciones en ciudades del entonces partido de Morón. Ante el temor de ser detenido, se ocultó en domicilios alternativos. En los días previos al golpe del 6 de setiembre, se refugió en Hurlingham, en la Chacra El Atalaya, propiedad de Félix Gunther, la chacra que había sido propiedad del coronel Martín Yrigoyen el hermano de Hipólito.

Mientras tanto, en la mansión del dirigente conservador moronense Manuel Antonio Fresco, en Haedo, se hicieron las reuniones preparatorias.

José Félix Uriburu

 

EL DÍA DEL GOLPE

De la casa de Fresco, salieron en la madrugada del sábado 6 de setiembre, el dueño de casa más Uriburu y un grupo de conspiradores hacia el Colegio Militar de El Palomar. Cuando amanecía, en la Base Aérea ubicada enfrente del Colegio Miliar, sonó una sirena dando inicio a la asonada. Un avión partió para arrojar panfletos con la proclama revolucionaria sobre la capital federal.

Poco después, cerca de un millar de efectivos militares, formados principalmente por cadetes marcharon desde El Palomar hacia la Casa de Gobierno, en la Plaza de Mayo. Yrigoyen, quien el día anterior había delegado el mando por enfermedad en el vicepresidente Enrique Martínez, renunció en La Plata.

Consumado el golpe, Uriburu asumió con presidente.

Dos vecinos de Hurlingham fueron conspiradores de peso en ese golpe. El mencionado Günther, que le dio cobijo a Uriburu en su quinta, mientras se planificaba el golpe y Tomás Alberto Le Bretón, un ex legislador radical que militaba en el llamado “antipersonalismo”.

Félix Günther fue uno de los civiles que acompañó al militar golpista desde la casa de Manuel Fresco hasta el Colegio Militar de El Palomar, de allí emprendió la marcha golpista hacia la Casa Rosada.

El escritor Leopoldo Lugones, ferviente defensor de la nueva aristocracia militar, en su libro Política Revolucionaria apuntó a Günther “entre los pocos civiles que estuvieron en contacto con la junta militar revolucionaria durante la preparación del movimiento del 6 de setiembre”.

Pero Günther no es recordado por su activismo conspirativo sino por haber sido un pionero entre los radioaficionados en la Argentina.

Felix Günther.

 

Lo de Tomás Le Bretón excede la calificación de conspirador para entrar de lleno en la categoría de traidor. Le Bretón participó de la fundación de la Unión Cívica de la Juventud, de la Unión Cívica en 1890 y finalmente en la Unión Cívica Radical en 1891 y claro, fue uno de los jóvenes radicales que llevaron adelante las revoluciones en 1890, 1893 y 1905.

Desde entonces Le Bretón participó activamente de la siempre intensa vida interna del radicalismo. Fue diputado, senador y embajador ante los EEUU durante el primer gobierno de Yrigoyen. En 1924 formó parte del grupo de dirigentes radicales que formaron la Unión Cívica Radical Antipersonalista cuestionando el liderazgo de Hipólito Yrigoyen.

Como muchos otros antipersonalistas, Le Bretón participó activamente del golpe militar del 6 de setiembre de 1930. Tomás tuvo su premio, meses después fue nombrado Embajador en Francia por Uriburu, paralelamente formó parte de la Concordancia, una alianza de derecha que gobernó la Argentina desde 1932 hasta 1943, en lo que se llamó la Década Infame.

Tomás Le Bretón

 

CUANDO MORÓN NO FUE MORÓN…

Fue tanta la influencia en ese primer golpe de Estado del partido de Morón (del que formaba parte Hurlingham), que dos años después, en 1932, el Senador conservador Saúl A. Obregón propuso y logró que Morón cambie su nombre por el de la fecha en la que derrocaron a Yrigoyen: 6 de Setiembre. Los vecinos reaccionaron pero no porque estuvieran en contra de ese golpe sino para defender la identidad que pertenecía inalterable desde hacía más de un siglo y proponían bautizar con el nombre 6 de Setiembre a la Base Aérea de El Palomar. “Nadie podrá negar que la aviación militar fue el alma de ese movimiento revolucionario” sostuvieron.

Es más se armó un “Movimiento Popular Pro-Mantenimiento del nombre tradicional e histórico de Morón” que remarcó: “No discutimos la importancia que la fecha tendrá en los anales de nuestra historia política, pero tampoco estamos de acuerdo de que ello venga a suplantar el nombre de este progresista e importante pueblo”.

Finalmente, 29 de octubre de 1932 se promulgó la ley que le dio el nombre de Seis de Septiembre, al partido de Morón.

En diciembre de 1939 se inauguró el Palacio Municipal de Morón, bajo la gobernación de Manuel Fresco en la provincia  Rafael Amato en Morón. Como parte de la ornamentación todavía hoy puede verse en la escalera que lleva al primer piso donde está el despacho del intendente, en lo que se llama la balaustrada, la formación con hierro del 6 y el 9, como recuerdo de esa fecha nefasta.

No fue al único distrito al que le cambiaron el nombre, a Zárate lo renombraron General José F. Uriburu, el mismo nombre con el que bautizaron a la Av. Vergara, la única que cruza a las tres localidades que componen Hurlingham.

El 13 de junio de 1946, con el primer gobierno peronista, Morón volvió a ser Morón.

 

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