El Echeverría cumplió 50 años

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Por Rody Rodríguez. “Alce la voz un pueblo de alma joven, firme en su fe, conciente del mañana”, así comienza el himno de la Escuela de Enseñanza Media N° 1,  Esteban Echeverría, la primera escuela secundaria estatal que tuvo Hurlingham, que el viernes pasado festejó sus Bodas de Oro, en una sencilla y emotiva ceremonia realizada en la sede de la escuela, en Necochea 1110.

Miles y miles de chicos pasaron por las aulas de la Escuela Esteban Echeverría, una institución que unió e igualó a distintas clases sociales, y que generó en todas las promociones un cariño inolvidable.

Es sin dudas la escuela más popular de Hurlingham.

Los 50 años de la Escuela Echeverría, hicieron que muchos de sus viejos alumnos realizaran el maravilloso ejercicio de recordar apellidos, viajes, recreos, anécdotas, y a modo de desafío, tratar de vincular materias con el apellido del profesor. Como en una vieja prenda de Feliz Domingo:

“-Diga, sin repetir y sin soplar, apellidos de profesores y las materias que dictaban…preparado, listo…ya:

-Gutiérrez en historia; Aragó en literatura; Rodino en educación cívica, Herrera en matemáticas; Franchini en matemáticas, Pescio en castellano; Escribano en inglés; Santolo en geografía; Janeiro en música; Cabales en inglés, Duffou en historia; Pampín en actividades prácticas; Salvador en historia; Gelves en inglés; Rabinovich en educación física; Martínez en geografía, Rosita Lixon en educación física; Lara en matemáticas; Carrasco en derecho; madame Blanco en francés; Silva en química; Del Corno en música; Escribano en inglés; De Luca en literatura, Delera en educación física; la Paloma en dibujo…

-No señor, dije apellidos, no apodos, a ver, ¡la cinta Gonzalito! ¿Cuántas respuestas correctas sin incluir a la Paloma?

La escuela Esteban Echeverria nació oficialmente en abril de 1964, tras el intenso trabajo de la Comisión Pro Escuela Secundaria que presidió Nicolás Levaggi, ese docente que a lo largo de su vida creo casi medio centenar de escuelas. El Echeverría comenzó a funcionar en la ex Escuela 10, sobre la calle Sargento Gómez, luego funcionó en el chalet de Le Bretón para luego instalarse en el edificio propio de la calle Necochea, gestionado por el propio Levaggi.

La Escuela Echeverria nació en Democracia, durante el gobierno de Arturo Illia, y sufrió los gobiernos de facto que le siguieron. Vivió el renacer peronista, disfrutó el entusiasmo militante de los 70, también padeció la violencia de esa época. A la dictadura militar no la vivió como testigo, la sufrió como protagonista: hubo docentes cesanteados, perseguidos, hubo desaparecidos. Varios alumnos fueron a la guerra de Malvinas, algunos murieron allá. La mayoría de los que estaban en la Escuela en 1983,  festejaron el retorno de la Democracia, sus aulas disfrutan cada vez que se convierten en “cuartos” para votar.

Su primer director fue Rafael Aragó. Ejerció ese cargo desde 1964 hasta 1969, En esos pocos años, escribió el himno de la escuela y diseñó el distintivo verdigris y dejó para los tiempos el sello del espíritu echeverriano. Luego de su función como director, Aragó siguió como profesor, su porte quijotesco no dejaba lugar a dudas que sus materias eran Lengua y Literatura.

Su paso por la escuela coincide con épocas muy duras de la historia argentina. Épocas de persecuciones, de fanatismo, de injusticias. Aragó fue cesanteado en 1976, junto a su mujer Ana y varios docentes más. Carlos Mondría era el director. Apodado la Pantera Rosa, (como a Jorge Rafael Videla), Mondría perduró en ese cargo hasta el nuevo siglo.

El paso por la docencia de Aragó fue el de un hombre honesto, valiente, talentoso, de convicciones firmes y comprometido con su tiempo.

Aragó y Levaggi son dos de los nombres que nunca deben ser olvidados a la hora de repasar la historia del Echeverria.     Más allá de lo formal, cuando dos o más ex alumnos hablen de su paso por el Echeverría, aparecerán anécdotas, historias, canciones, partidos de fútbol en el Polideportivo, peleas, y muchas historias de amor, frustradas y concretadas. Nombres que se recordarán con placer, otros con bronca. Pero cada recuerdo fortalecerá un vínculo indestructible con una escuela que para la gran mayoría es pasado, pero que no puede dejar de ser futuro. Y con ese propósito, con muy poco, cada uno de los que formó parte del Rancho, puede ayudar a que los próximos años del Echeverría sean mejores.

 

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