El día de la Independencia fue celebrado por un grupo de vecinos en la plaza del barrio, la que muchos llaman Gluck pero que en realidad fue bautizada como Plaza Sargento Cabral. Gustavo Russo repasa la historia de esa plaza inaugurada en 1942 y trae el testimonio del vecino José Horvat.
*Por Gustavo M. Russo
El pasado jueves 9 de Julio, decidimos un grupo de vecinos, involucrados por el legado de reconocimiento social, a recorrer la historia de la placita que hoy lleva, equivocadamente, el nombre del músico alemán de origen checo Christoph Willibald Gluck.
Para buscar certeza, recurrimos a un memorioso y comprometido vecino fomentista de nuestra localidad, José Miguel Horvat. José es de profesión comerciante, descendiente de eslovenos que desde su infancia vivió siempre en frente de la estimada placita redonda, que fue el punto de encuentro de varias generaciones y que guarda una historia muy peculiar de nuestra comunidad.
Luego del izamiento de bandera, que José hace en todas las fechas patrias, nos detuvimos una veintena de vecinos a preguntarle, sobre todo el pasado de esa placita y el mismo José nos contó lo siguiente:
Hasta finales de 1941, eran seis hectáreas que se comprendían desde las calles Hernán Cortez, Mozart, Gounod, Cayetano Valdez, Alejandro Malaspina, Olaguer y Feliú y Eva Perón (ex Bustamante) que conformaban la propiedad que le pertenecían a la familia de Francisco Cámera. La familia Cámera era una familia con raigambre patricia, su última hija, Susana, que vivió de manera muy austera, se desempeñó como maestra de educación especial en el barrio de Parque Patricios, en la Ciudad de Buenos Aires, habiendo cosechado como maestra, vínculos sociales muy estrechos con el Club Huracán. Es en la década del setenta, por esa asombrosa campaña futbolística del Club, que se hace hincha del mismo. Recuerdo eso, porque como buen cuervo que soy, nos cargábamos mutuamente. Susana Cámera, falleció con elevada edad, hace unos años. Su hijo Rolando Benítez, fue profesor mío en el secundario del Instituto Cardenal Stepinac, durante 1983 a 1987.

Pero sin salirnos más del testimonio que nos reúne, puedo asegurar que hasta la década del 40 la rotonda de la Plaza Sargento Juna Baustista Cabral era un vivero donde se cultivaban flores. Un emprendimiento que le pertenecía y era conducido por la propia familia Cámera. que, dada a una seguidilla de tormentas, caída de granizos repetitivas, llevaron a la familia de don Francisco a cerrarlo, decidiendo en 1942, aproximadamente, a vender esa gran extensión de tierra. Es ahí, cuando se produce el loteo donde mis abuelos compran en 1943 la propiedad en la cual, actualmente vivo con mi familia, dentro de la intersección de la calle Malaspina y Olaguer y Feliú, como mis tíos y bisabuelo, años más tarde, hacen lo mismo, pero sobre la calle Liszt.
Es importante destacar, cómo se llega a la forma y al destino, de que un terreno se convierta en plaza pública de la actualidad. La explicación corresponde, a lo que entiende la ley para estos casos. Cuando se realiza una venta de terrenos de una considerable magnitud, como es la de este caso en particular, del producto de ese loteo, se requiere que el 20 % de la totalidad de las subdivisiones realizadas se destinen a bien público. Y es así, como resulta su nacimiento. La porción de la placita que todos conocemos, tiene la dimensión de lo correspondiente a ese gran loteo de tierras que eran de la propiedad de don Francisco Cámera.
José comenta, que se estilaba en ese momento, que la plaza tomara el nombre de quien había sido el antiguo dueño de las tierras, para colocárselo. Por ejemplo, se le podría haber llamado: Plaza Francisco o San Francisco. Sin embargo, por el radio de circunscripción de ese momento y la existencia de la Escuela N° 64 que se llamaba “Sargento Juan Bautista Cabral” dentro del perímetro de cercanía, se le coloca por indicación municipal, (recordando que era en ese tiempo el Municipio de Morón) el nombre de quien dio la vida por el General José de San Martín.
Comienza a funcionar, años más tarde y dentro del mismo colegio, una Sociedad de Fomento que lleva el mismo nombre. La cual debe por su objetivo institucional estatutario, ayudar en su funcionamiento a la cooperadora del establecimiento educativo y al mantenimiento de la placita redonda, que se comenzaba a conocerse públicamente, con la bendición del nombre de “Plaza Sto. Juan Bautista Cabral”.
En ese momento, era Américo Micheli quien motorizó el accionar de muchas de las obras de la plaza, junto a su hermano Miguel Micheli, mi abuelo materno, y su padre Vicente Micheli, mi bisabuelo, que serían algunos de los principales miembros originarios,que entre las décadas del cincuenta y sesenta, tomaban esa responsabilidad de sostener la mirada de lo público. En primer orden, mediante la plantación de árboles y labores de obras diversas como el pintado de su cordón, instalación de bancos y el armado de su mástil exterior para la bandera, que se utilizaba comúnmente en todo acto.
Eran tiempos donde se requería de muchas cosas como los servicios. Por ejemplo, se comenzaba a terminar de instalar el alumbrado público en toda la zona. Luego en los setenta, comenzarían a verse los teléfonos fijos de hogar.
Cuenta José y agrega Susana, esposa de otro vecino fomentista fallecido, Oscar Cragno, sobre las remodelaciones que tuvo la plaza. Las misma comenzaron en la década del ochenta, con la gestión del intendente de Morón, Norberto García Silva y los vecinos se organizaban, dentro de una Junta Vecinal, para acompañar los cambios que se venían dando. Detrás de esa labor fomentista, se llevó con tenacidad su mantenimiento. El cual se fue estabilizando para convertirse en ser una de las placitas más requeridas de la comunidad, a la cual familias de diversos lugares comenzarían asistir,masivamente, en búsqueda de su espacio verde.
Al agruparse los vecinos, desde los años 80 hasta fines de los noventa activamente, se fueron agregando nuevos grupos de vecinos que buscaron permanentemente la participación en la plaza como una cuestión responsable de proteger lo público.Para lo cual se llevaron adelante diferentes formas de recaudar fondos. Un caso fue, mediante la publicación de la revista “La Rinconada” (en la cual me tocó participar) que vendía publicidad de comerciantes generosos que ofrecían comprar esos espacios, otros vecinos que ponían a su disposición su oficio o conocimiento para lo que se necesitara. Era así que: jardineros, poceros, electricistas, incluso personas del ámbito cultural, como fueron los escultores que diagramaron la escultura del Sargento Cabral – que fue vandalizada en varias ocasiones hasta su rotura final- y por otro lado, las imágenes en dibujo y pintura del pesebre que se llevaba adelante en vísperas de la navidad. Todos eran bien recibidos para proteger ese espacio público y ofrecer novedades a la comunidad, reflejando siempre la historia.
Cuando Juan José Álvarez es elegido como primer intendente autónomo de Hurlingham, se celebra en la placita, el acto oficial del 25 de Mayo de 1996, con granaderos que vinieron expresamente para rendirle honores a la escultura de Juan B. Cabral. Un acto que motivó a la participación de todas las entidades y fuerzas vivas de la zona y que se acercaran una multitud de vecinos. Lejos fue siempre una de la plaza más hermosa de la localidad y su superficie, con entorno de circunferencia, ayudaba parahacerla notar por sobre cualquier otra.

Se puede distinguir que se llevaron adelante tres remodelaciones notables. La primera ya la nombró. La segunda, bajo las directivas del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación entre 2004/06, donde se actualizaron juegos y se reacondiciona la vereda caminadora en todo su alrededor y la propuesta en 2023 del actual intendente Damián Selci, con más iluminación, corredores nuevos y un tótem de monitoreo con cámaras y placeros dedicados a su cuidado. Dándole una estética distinta, fortaleciendo la vegetación autóctona, pero con el error de llamarla Plaza Gluck, modificando su historia por un presente superficial que atiende, únicamente, a lo que urge de lo estrictamente político.
Este 9 de Julio quedará como un retorno a esos orígenes, quedando por un lado el consuelo de recordar a quienes ya no están físicamente pero que, dentro de esa placita de 84 años desde su concreción,sus vidas quedaron plasmadas.
La preocupación genuina que nace del mismo José Horvat, que emocionado por el momento que se vivió, dijo:
“Esperemos que las nuevas generaciones puedan enterarse de cómo, personas de carne y hueso con ganas de ayudar a prosperar a su localidad le ponen bondad, sacrificio y compromiso, así como se hizo desde 1942 y con la posta en mano,lo continuamos con mi amigo, Oscar Cragno,durante más de 40 años”
Concluyendo, es importante destacar que siempre y, sin importar la época, cuando desde el Estado se avanza favorablemente hacia lo público, la población busca la forma de organizarse y se compromete en acompañar ese recorrido, dejando atrás el prejuicio. Toda comunidad necesita saber la historia que la antecede. Saber de dónde venimos, nos favorece para entender hacia dónde debemos ir.
La búsqueda del bien común, es un ideal que implica tiempo y esfuerzo. Todo eso, qué cuesta, termina teniendo un valor inconmensurable porque un espacio público,cuidado y conservado, favorece a la accesibilidad de todas las personas sin distinción alguna, ayudando a mejorar la calidad de vida de los habitantes.






