Gustave Moussion se formó a los 16 años (1876) como coiffeur en París. Llegó a Argentina a los 20 años y consolidó una de las fortunas más grandes de la burguesía comercial porteña en la Buenos Aires del Centenario. Esta es la historia de un francés dueño de una chacra en Hurlingham, criador de truchas en el arroyo Morón y propietario en el centro porteño de la célebre Casa Moussion, uno de los establecimientos de moda y belleza más prestigiosos de Sudamérica.
Por Marcelo Fiori Quercetti.

El plano que acompaña esta nota corresponde al Plano Catastral del Partido de Morón de 1929, confeccionado por el Estudio de Ingeniería de Gregorio Edelberg, una de las series cartográficas más importantes de la provincia de Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XX.
Entre los nombres de las antiguas quintas de Hurlingham apareció uno que, al menos para mí, resultaba completamente desconocido: Gustavo Moussion. Su propiedad se ubicaba inmediatamente al este de la estación Hurlingham y lindaba, arroyo Morón mediante, con los terrenos de la Escuela Militar de Aviación.
Bastó comenzar a buscar para comprobar que detrás de ese apellido se escondía una historia mucho más interesante de lo que imaginaba.
La primera referencia apareció en un aviso publicado por La Prensa el 11 de octubre de 1904. Se trataba de un ofrecimiento de terrenos en Hurlingham que utilizaba como referencia las quintas más conocidas de la zona. Entre ellas figuraban las de Kingsland, Chasels, Quirno, Oswald y Scott Robson y Moussion. Es decir, más de dos décadas antes del plano de Edelberg, la familia Moussion ya era considerada un punto de referencia del paisaje local.
TRUCHAS EN EL ARROYO MORÓN
Poco después apareció un documento todavía más inesperado.
Un Boletín del Ministerio de Agricultura de 1906 mencionaba que el señor Moussion había importado desde París huevos de trucha arco iris (especie que hoy se encuentra adaptada con éxito en la Patagonia) y que estos habían sido depositados en el arroyo de Hurlingham. El texto agrega que, tiempo después, todavía podían pescarse algunos ejemplares. Una referencia sorpresiva que revela a un vecino interesado por iniciativas poco comunes para la época.
CHACRA MOUSSION
Pero el documento más revelador apareció en las páginas de La Prensa de noviembre de 1915.
Allí se anunciaba el remate, nada más y nada menos, que por la tradicional casa Adolfo Bullrich y Cía. para el día 30 de noviembre de 1915 de «La chacra que fue de Moussion”.
El aviso comenzaba destacando la privilegiada ubicación de la propiedad:
“En Hurlingham. Frente a la vía del F.C.P. y pocas cuadras de la estación. Próximo también al camino estratégico y de automóviles a Bella Vista y Campo de Mayo. 16 hectáreas (…)
A continuación describía con notable detalle las características de la chacra:
“…una espléndida residencia veraniega puede destinarse a granja, vivero o criadero en general. Sería ideal para un cabañero que deseara instalar un local de exposición y venta de reproductores por su proximidad a la capital y las dimensiones del terreno.
Luego se detenía en la vivienda principal:
“Cuenta con un lindo chalet de dos pisos y techo simil- pizarra que consta de 9 habitaciones principales, 2 cuartos de baño, toilette, galería, sótano en toda la casa (…) buhardillas.
Y continuaba enumerando las restantes instalaciones:
“Separadamente, dos casas para el servicio, caballerizas, cocheras, molino con motor a nafta, con cañerías que distribuyen agua al hermoso parque que rodea la casa e invernadero. Las avenidas arboladas y varios grupos de árboles, dan al conjunto un atractivo especial.
Finalmente, el aviso aportaba un dato fundamental para comprender la implantación de la chacra:
“Da frente a dos calles, a la vía y al arroyo de Morón. El terreno lo forma una loma con suave declive hacia la vía y el arroyo. En la parte más elevada se halla la casa (…).”
El resto del anuncio consignaba las condiciones del remate: una base de $100.000, con posibilidad de asumir una hipoteca de $70.000 y precisaba sus linderos: al noroeste con Henderson y Cía., al noreste con el Ferrocarril Pacífico, al sudoeste con la calle pública que conducía a Haedo, lindando con Norberto Quirno, y al sudeste con el arroyo de Morón y los terrenos del Banco Inglés del Río de la Plata.
Este aviso resulta extraordinario. No solo confirma la existencia de la Chacra de Moussion, sino que la describe con bastante detalle y permite ubicarla con precisión. Sus referencias a Henderson y Cía. y al Banco Inglés del Río de la Plata constituyen, además, valiosas pistas para reconstruir la geografía histórica del lugar.
Hasta ese momento todo indicaba que Gustavo Moussion había sido un importante propietario de Hurlingham. Sin embargo, la búsqueda todavía guardaba una sorpresa.
ESPECIALISTA EN BELLEZA
El apellido Moussion volvió a aparecer, esta vez lejos de Hurlingham.
A comienzos del siglo XX funcionaba en Buenos Aires la célebre “Casa Moussion”, uno de los establecimientos de moda y belleza más prestigiosos de la ciudad. Inicialmente instalada en Cangallo (actual Perón) y Suipacha, hacia 1910 inauguró un imponente edificio propio en la esquina de Callao y Cuyo (actual Sarmiento), obra de los arquitectos Emilio Hugé y Vicente Colmegna, concebida bajo los cánones del art nouveau. Sus enormes ventanales, de doce metros de altura e importados de Francia, fueron considerados una verdadera novedad arquitectónica para la Buenos Aires del Centenario.

En sus salones se comercializaban perfumes, sombreros, vestidos, guantes, corsés y toda clase de artículos de lujo. Funcionaba, además, el prestigioso Institut de Beauté, presentado por la prensa de la época como uno de los centros de belleza más importantes de Sudamérica.
Un aviso publicado en la revista Mundo Argentino reflejaba con claridad el prestigio alcanzado por la firma:
«En Callao y Sarmiento, Buenos Aires, muchas de las más distinguidas damas del mundo acostumbran consultar a Moussion sobre sus problemas en el cuidado del cutis. Moussion dedica mucho de su tiempo al estudio de métodos de belleza caseros, además de los tratamientos que se efectúan en su artístico Salon de Beauté…»
Más adelante, el propio anuncio situaba a Moussion junto a los grandes especialistas europeos en belleza:
«Muchas de nuestras más hermosas mujeres van a Viena para escuchar esta misma verdad de Pessl; Madame Jacobson de Londres; Massé de París; Attilio de Roma… Los más famosos especialistas hace tiempo que coinciden sobre la importancia de los aceites de palma y oliva para limpiar bien el cutis.»
El edificio aún se conserva y, con el paso de los años, albergó otros establecimientos comerciales, entre ellos el tradicional “Bazar Dos Mundos”.
NUEVOS DOCUMENTOS
Indagando sobre la existencia de Moussion, aparecieron nuevos documentos que permiten ampliar considerablemente su historia.
Entre ellos se destaca un artículo publicado por la revista histórica francesa Estranan Aod Veo, editada por la comuna francesa de Loctudy, que reconstruye una breve biografía del empresario a partir de documentación local y aporta valiosos datos sobre sus últimos años.
Según esa publicación, Gustave Moussion nació en La Rochelle el 23 de julio de 1860. A los dieciséis años se trasladó a París para aprender el oficio de peluquero y, cuatro años más tarde, emigró solo a Buenos Aires, donde inició una destacada actividad comercial que culminó con la creación de la célebre Casa Moussion, ya mencionada en esta nota.
Ya convertido en un hombre de fortuna, en 1910 adquirió la finca de Le Dourdy, en Loctudy (Bretaña), donde proyectó la construcción de un gran castillo destinado a albergar una escuela-orfanato para niños de escasos recursos. El establecimiento contaba incluso con una moderna central eléctrica propia, un adelanto tecnológico excepcional para una propiedad rural de la época.

El estallido de la Primera Guerra Mundial frustró parcialmente ese proyecto. El edificio, aún inconcluso, fue utilizado como hospital militar y las obras recién pudieron retomarse una vez finalizado el conflicto. Tras la muerte de Gustave Moussion, ocurrida en 1938, el castillo tuvo una historia igualmente extraordinaria: primero fue destinado al alojamiento de refugiados republicanos españoles que huían de la Guerra Civil y, pocos meses después, durante la ocupación alemana de Francia, fue requisado por las fuerzas del Tercer Reich para uso militar, función que mantuvo hasta la liberación en 1944.
Concluida la guerra, Le Dourdy inició una nueva etapa vinculada a la formación de jóvenes marinos y hoy continúa cumpliendo funciones educativas, conservándose como uno de los principales edificios históricos de Loctudy.

Las nuevas fuentes permitieron también localizar la tumba de Gustave Moussion en el cementerio de Loctudy. Su singular monumento funerario, de aspecto similar al de una caja fuerte de granito, constituye el último testimonio material de un hombre descubierto casi por casualidad en un plano catastral confeccionado por Edelberg en 1929 que dejó ser apenas una inscripción cartográfica y permitió rescatar del olvido a un personaje que dejó huellas tanto en Hurlingham como en la Buenos Aires del Centenario.





