La debilidad de la monarquía inglesa por la «sucursal» argentina del Hurlingham Club

En dos de las oportunidades que el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, viajó a la Argentina, se hizo tiempo para jugar al polo en  Hurlingham y para visitar a una entrañable amiga, «Mimona» Blaquier, con la que muchos aseguran mantuvo un fogoso romance.

Por Rody Rodriguez

El pasado 9 de abril murió a los 99 años el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, un personaje singular en la siempre controvertida y atractiva historia de la corona británica.

Felipe «El Griego», príncipe consorte de la reina Isabel II, con la que estuvo casado 74 años, fue una de las tantas visitas de la realeza que recibió el Hurlingham Club, una especie de sucursal argentina de la exclusiva institución del mismo nombre, ubicada en Fulham, al sudoeste de Londres.

EL POLO, EL AMOR Y LA POLITICA

En su primera visita, Feli-pe llegó a Buenos Aires el 22 de marzo de 1962, apenas cuatro días después de que Argentina celebrara las elecciones en las que el peronismo ganó seis gobernaciones y gran cantidad de bancas legislativas.

Gran Bretaña quería respaldar al gobierno de Arturo Frondizi ante la «amenaza» de un retorno peronista. Pero los militares tenían otros planes, el de derrocar a Frondizi y ocuparse ellos mismos de evitar un posible regreso de Juan Perón.

Visto que toda gestión política de Felipe resultó inútil, «su alteza» aprovechó para entretenerse. Jugó al polo en el Hurlingham Club y el 27 de marzo, dos días antes del golpe de Estado, se refugió en la estancia La Concepción en el partido bonaerense de Lobos y según el libro The Royal de Kitty Kelley, mantuvo un muy poco disimulado romance con la propietaria de la estancia Malena «Mimona» Nelson Hunter de Blaquier.

Felipe volvió a la Argentina en 1966, en una visita no oficial ya que lo hizo en su condición de presidente de la Federación Ecuestre Internacional. La Argentina organizaba en setiembre de 1966 el Campeonato Mundial de Hipismo.

El general Juan Carlos Onganía cumplía tres meses de mandato como presidente de facto (había derrocado al radical Arturo Umberto Illia en junio de ese año).

Felipe de Edimburgo jugó en el Abierto de Hurlingham, formando equipo con Horacio y Alberto Pedro Heguy y Daniel González, integrantes del mítico conjunto Coronel Suárez.

OPERATIVO  CÓNDOR

El clima político con Gran Bretaña se había caldeado ya que mientras el príncipe estaba en el país, un grupo de jóvenes peronistas liderados por Dardo Manuel Cabo secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas, lo hizo aterrizar en las Islas Malvinas e izó la bandera argentina en Puerto Argentino, en lo que se conoció como Operativo Cóndor.

En tanto Felipe minimizó el conflicto. Consultado por periodistas en Hurlingham después de un match, expresó: «cambiaría las islas por los dos Heguy», refiriéndose a los dos jugadores argentinos a lo que tanto admiraba.

El The New York Times aclaró -por si hacía falta- que «la oferta era una broma, pero para un fanático del polo, los Heguy podrían no haber sido una mala inversión».

En ese mismo viaje Felipe entabló una cordial relación con el general Onganía, juntos jugaron en el campo de polo del Club San Jorge, ubicado en Tres de Febrero, con entrada por Hurlingham. Felipe donó el trofeo de ese torneo, que desde entonces lleva el nombre de Duque de Edimburgo

En ese encuentro deportivo en el San Jorge, el Príncipe sufrió una dura caída de su caballo que en ese momento preocupó en el Reino Unido más que el intento de recuperación de Malvinas en el Operativo Cóndor.

En 1991, Felipe volvió a las Islas Malvinas (que ya había visitado en 1957); habían pasado 9 años de la guerra en la que participó su hijo Andrés (el principito).

Lejos había quedado aquella chanza dicha en Hurlingham, de querer cambiar a las Islas Malvinas por dos jugadores de polo.

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