La historia de drogas y crímenes detrás de «El loco del Mini Cooper»

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El periodista Federico Trofelli publicó en el diario Tiempo Argentino, una nota sobre Gastón “El Pelado” Carlesi, el personaje acusado de asesinar a Nicolás Gómez en un episodio que conmovió al país en la Navidad del año pasado,

También habla de Sergio «El Negro» Marino, amigo de Carlesi, que murió de un balazo disparado por su ex suegro hace algunas semanas.

Esta es la nota:

Gastón Carlesi todavía tenía pólvora en sus manos cuando se cruzó en una esquina céntrica de Hurlingham con Sergio «El Negro» Marino, el dueño del Mini Cooper que conducía. Habían pasado unas pocas horas de la Navidad y Carlesi acababa de matar. Lo disimulaba muy bien, quizá porque no era la primera vez. Estaban contentos de verse y se fundieron en un profuso abrazo. Todo quedó registrado por una cámara del municipio.

A más de dos meses de esa imagen, la suerte de los dos es muy diferente: Carlesi, también conocido como «El Pelado», continúa preso por el crimen de Nicolás Gómez, de 22; mientras que El Negro, o «El Guachín», cayó muerto el fin de semana pasado de dos escopetazos en el umbral de la casa de sus ex suegros. Todo ocurrió en el partido bonaerense de Hurlingham donde, según pudo reconstruir este diario, los dos muchachos llevaban una ostentosa vida a costa de la venta de drogas y el hostigamiento hacia otros vecinos, entre otros delitos.

Distintas fuentes consultadas precisaron que El Pelado Carlesi, de 33 años, comenzó su vida delictiva realizando algunos robos menores en la zona norte del Conurbano hasta que fue «creciendo» y consolidándose como un vendedor de drogas en varios distritos del oeste del Gran Buenos Aires.

«Este muchacho solía parar en la localidad de Florida, partido de Vicente López, donde operaba con un grupo de delincuentes que se dedicaba a todo tipo de delitos», indicó una fuente que lo llegó a conocer en plena acción. El vocero también recordó que en el año 2008, Carlesi y su gente le «mejicanearon» a una banda de secuestradores casi 100 mil pesos.

El Pelado Carlesi también fue vinculado con Pablo «Cuca» Girón, condenado a prisión perpetua por el asesinato de Gonzalo Acro, el barra de River acribillado a balazos en agosto de 2007 cuando salía de un gimnasio de Villa Urquiza.

Por otros delitos, el 10 de agosto de 2011 el Tribunal Oral en lo Criminal 3 de San Isidro condenó a Carlesi a la pena de seis años y ocho meses de prisión. Tras purgar parte de su condena, recuperó la libertad y el 13 de febrero de 2014 saldó otra de sus deudas con la justicia al acordar una pena, esta vez en el Departamento judicial de Morón, de un año de prisión por tenencia simple de estupefacientes.

En esa oportunidad, la UFI 9 de Drogas y Trata de Personas de Morón lo acusó de tener 25 gramos de cocaína distribuidos en 12 envoltorios de nylon. Visto a la distancia, una fuente judicial confió que «la condena de un año de prisión fue un regalo para el imputado por los antecedentes que tenía».

Lo cierto es que durante las últimas fiestas de fin de año, El Pelado gozó de plenas libertades. En la mañana del 25 de diciembre, manejaba un Mini Cooper color gris por la avenida Vergara cuando tuvo un incidente con los ocupantes de un Ford Falcon que iba unos metros más adelante que él. Según se reconstruyó a partir de unas 24 cámaras de seguridad aportadas por el Municipio de Hurlingham, los dos autos fueron durante varias cuadras a alta velocidad hasta que en un momento, el Mini Cooper intentó pasar al Falcon y este no le habría cedido el paso. En el medio, uno de los tres acompañantes de Nicolás Gómez le arrojó un vaso de Fernet al lujoso coche.

Carlesi decidió poner punto final a la discusión sacando un arma calibre 38 y disparando desde su auto en movimiento. El balazo fue al pecho de la víctima, quien murió poco después en el hospital de Hurlingham.

El rostro del sospechoso, que se había dado a la fuga, se replicó en todas las pantallas de televisión al quedar registrado en una de las esquinas del centro de Hurlingham poco después del crimen. En ese lugar estaba El Negro Marino junto a otros dos amigos a punto de irse en una moto. Carlesi estacionó a un costado y bajó del Mini Cooper para abrazarse y hablar con Marino. El dato escalofriante es que también quedó grabada en las cámaras la presencia de la hija de cuatro años del asesino.

Altas fuentes del Ministerio Público de Morón confirmaron a Tiempo que El Negro Marino era el verdadero dueño del auto importado que esa madrugada conducía El Pelado. Por orden del fiscal Oscar Marcos fue detenido el sospechoso y el auto quedó secuestrado.

HOSTIGAMIENTO Y MUERTE

El último sábado de febrero El Negro Marino imaginó que podía extorsionar a la familia de su ex, Natalia Olgiati, y salir ileso, pero terminó muerto con ocho perdigonazos en la espalda. Esa madrugada le envió una serie de mensajes intimidatorios a sus ex suegros, principalmente a la mamá de su ex, Mónica Guiñazú: «Ahora voy por más. ¿Cincuenta lucas vale la vida de tu hija? Bueno juntalas y dalas porque esto no va a terminar nunca. Mis compañeros saben todo de ustedes. Todo», fue una de las amenazas.

«Te cuento que coge con un transa por cocaína. Por eso fue todo esto y sigue hasta que la vea mal. Ya dije, 50 lucas y me voy pero mis amigos saben todo de ustedes», sostenía otro de los mensajes. «Mamá esto sigue o mandá a tu hija lejos porque la mato por puta sabes», continuó.
Tras las amenazas, el muchacho de 26 años cumplió con su palabra y llegó a la vivienda de Debussy al 3500, en Villa Tesei, Hurlingham.

Estaba acompañado de por lo menos otros diez amigos que lo esperaron afuera. Según se desprende de la investigación que lleva adelante la UFI 5 de Morón, el padre de Natalia, José Luis Villar del Río, de 46 años, le ofreció desde un cuatriciclo hasta televisores porque en la casa no tenía el monto de dinero que le exigía. Entonces, El Negro Marino, que no se conformó con nada, empezó a romper varios muebles de la lujosa casa de la familia de su ex pareja.

Con la promesa de volver por más, el intruso intentó alejarse del lugar pero apenas pisó la vereda, se escucharon dos estruendos: era la escopeta Remington 12/70 que tenía Villar del Río sin registrar. Los amigos de la víctima nunca esperaron que las cosas terminaran de esa manera e indignados comenzaron a atacar a pedradas la casa de la familia del asesino.

Poco después, por orden de la fiscalía, la policía debió reprimir con postas de goma a la turba para preservar la escena del crimen. Los allegados de Marino que estaban decididos a prender fuego la vivienda sostenían la versión de que el padre de Natalia lo había asesinado porque este no estaba de acuerdo con la relación. Además, creían que dada la buena situación económica de los Villar del Río, que tiene varios negocios en la zona, el crimen iba a quedar impune. «

MENSAJES AMENAZANTES

José Luis Villar del Río se deshizo de su peor pesadilla, Sergio El Negro Marino, asesinándolo de dos escopetazos por la espalda. Pero ahora, su familia sufre las consecuencias: debieron abandonar la casona de un cuarto de manzana que construyeron en Villa Tesei por las constantes amenazas por parte de los allegados de la víctima. Estas amenazas y los continuos amedrentamientos fueron denunciados en la UFI N° 7 de Morón, que les dispuso una custodia permanente de policías bonaerenses en el nuevo sitio que eligieron para atravesar estos duros días.
Entre los hechos denunciados, se destaca que Mónica Guiñazú, la mujer de Villar del Río, fue perseguida por un motociclista por varios kilómetros aunque ella intentó perderlo de vista en reiteradas oportunidades.

A la familia del empresario también le llegaron rumores de que El Negro Marino era como una especie de nene mimado de grandes narcos de San Martín que habían prometido venganza, aunque «primero tenía que enfriarse todo».

De la misma manera, les llegaron mensajes de texto con la foto del muchacho muerto y otras amenazas similares fueron colgadas en los perfiles de Facebook de los allegados del muchacho asesinado.

Tiempo pudo saber que la casa y varios de los negocios de la familia Villar del Río fueron puestos en venta.

Publicado en Tiempo Argentino el 8 de Marzo de 2015

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