Los 38 de DIVIDIDOS: Aliados en un Viaje

Por Horacio «Pollo» Magnacco.

Hace 38 años debutó el dúo integrado por Diego Arnedo y Ricardo Mollo bajo el nombre de Divididos. Lo hizo el viernes 10 de junio de 1988 en un pub de la calle San Pedrito 487 del barrio de Flores llamado Rouge. Ese fue el punto de partida de una historia que ya tenía varios años y experiencias en el pasado y que sin saberlo bien, caminaban hacia un futuro demoledor. 

La historia del vínculo musical del dúo central comenzó casi diez años antes de la formación de Divididos, fue en 1978, cuando los hermanos Mollo, Ricardo y Omar lideraban en El Palomar la banda MAM y en su segunda formación incorporan en el bajo a Diego Arnedo, un vecino de Hurlingham.

MAM (una sigla polémica que algunos desarrollan como MENTE, ALMA, MATERIA, o MUÑECO) fue una banda de hard rock con un reconocimiento relativo del público pero alto en sus pares de la época, y que nunca grabó un disco formalmente en esos momentos. La cuarta pata de MAM en esos momentos fue Juan Rodríguez, baterista de Sui Generis y de Polifemo.

Un detalle de color, que habla a las claras de esos vínculos que se conservan con los años: el autor de varias de las letras de las primeras formaciones de MAM era Juan Irigaray, que puso letras a los temas que eran netamente instrumentales.

Más de 50 años después Irigaray es autor (junto a Arnedo/Mollo) del tema que abre el último disco de Divididos, llamado, curiosamente «Aliados en un viaje».

En esos años de la dictadura MAM se sumergía (nunca mejor dicho) en el sótano que se encuentra a una cuadra de la base aérea de El Palomar, para ensayar más de seis horas por día, todos los días. Dice Mollo: «Esos años de la dictadura fueron como un largo invierno. Estuvimos en ese sótano haciendo kilombo, bajo tierra, pero en realidad era como un letargo esperando el momento en que la cabeza estuviera lista».

Gacetilla (o algo similiar a ello) sobre un show de MAM en la ciudad de Rosario. Incluye a mano una fecha en 1980 y habla de un disco grabado «en Los Angeles, California» (??). Todo dudoso.

Un par de años antes del ingreso de Arnedo, en 1975 la revista Pelo N° 66 definía así la música de MAM: «tiene un sonido particular y fácilmente reconocible: la música pesada. Su sonido es muy denso donde las guitarras (a cargo de los hermanos Mollo) se unen para atacar los pesados riffs».

En esas largas zapadas del sótano contaban con muchos artistas que luego serían consagrados: Celeste Carballo, Pappo, Rinaldo Rafanelli, Claudia Puyó, Alambre González y muchos más.

Pero no solamente reciben la visita de artistas. El sótano era visitado asiduamente por curiosos que buscaban algo más en esos tiempos hostiles. Uno de ellos era Eduardo Almirón, que empezó a frecuentar el lugar y «se hizo amigo».

Almirón era un policía de los servicios de inteligencia que fue uno de los creadores de la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A) y señalado por la Justicia como el responsable directo de la muerte del Padre Carlos Mujica.

Sigue Mollo:

«Un día bajó un sargento…

-¿qué pasa acá?, pregunta.

-Estamos ensayando, le contestamos.

-¿Qué cosa?’.

-Rock.

-‘Entonces vamos a pasar un ratito’ y entraron como veinte tipos…de repente todo se puso verde».

La cercanía de la sala con la base aérea de El Palomar generaba dudas en la milicada. Estaba ubicada en la esquina de Nelson Page y Madariaga, frente a la Escuela Nº5. Hoy la sala es parte de Fortunata, un lugar hermoso para tomarse algo, y si tenés ganas y te dejan, bajás a ver el enclave MAM/Sumo/Divididos.

MAM con sus dos formaciones originales nunca grabó un disco, lo haría muchos años después con una formación liderada por Omar Mollo, en 1999 sacó «Opción» y en 2005 «Lo Ves». Poco tiempo después Omar se dedicó al tango, lo hace muy bien.

Segundo shows de Divididos promocionado con cartelería artesanal. Un «flyer» hecho a mano por ellos mismos.

Sigamos.

Juntos o separados Arnedo y Mollo siguieron de cerca sus experiencias.

Cuando en 1982 estalla la guerra de Malvinas, la baterista original de Sumo Stephanie Nuttal abandona los parches para regresar a su ciudad de origen, Manchester en Inglaterra. Es en ese momento que ingresa Diego Arnedo al bajo, dejando el lugar de la batería a Alejandro Sokol, quien se ocupaba de la base de Sumo con más ganas que conocimiento.

Sumo era en definitiva una banda de vecinos de Hurlingham, que habían ido a ver en algunas actuaciones y  que llamaba la atención por la dinámica propia, su sonido y la impactante presencia de su cantante, Luca Prodan. Ricardo los va a ver varias veces, mientras empieza a tocar y logra grabar con la banda Demo un disco llamado «Lumpen». Una experiencia corta pero fructífera.

Al poco tiempo, con Demo ya separado, Ricardo ingresa a Moro/ Satragni, uno de los frutos de los disueltos Seru Giran, liderado por su baterista, Oscar Moro y el bajista de Raíces, el uruguayo Beto Satragni.

Con el objetivo de un disco por delante, prometido a la CBS, Sumo solicita los servicios de Ricardo Mollo, siempre presentado como un guitar hero, con un sonido propio, potente y directo.

La historia es conocida, después de tres discos e infinidad de actuaciones Sumo pierde a su principal miembro. La muerte de Luca Prodan en la navidad de 1987 los sorprende y los detiene. Dicen (dicen) que Mollo le preguntó a Diego «¿Ahora qué vas a hacer?». El alma de Sumo, como bien decía Luca respondió «Ahora me compro una bolsa de arroz y otra de yerba y me meto en la cama a esperar».

Dicen (dicen) que Mollo respondió «Los hijos de Bonavena tienen que boxear». Lo cierto es que cantidad de grabaciones de los ensayos de Sumo en la portaestudios reflejan los delirios que Arnedo y Mollo creaban entre ellos y que en parte colaron a su banda posterior.

Solos en la sala de El Palomar el dúo arrancó a ensayar y a hacer lo que más disfrutaban en ese sitio: boludear y ver qué pasaba. A veces se sumaba Roberto Pettinato pero enseguida se fue con su familia para España a probar suerte. La batería electrónica le dejó paso a Gustavo Collado, un músico que se ocupó de los parches en La Sobrecarga, banda oriunda de Trenque Lauquen que siempre tuvo vínculos cercanos con los Sumo. El primer nombre, La División mutó a Divididos, y con ese nombre se presentaron el 10 de junio de 1988 en un local de Flores, llamado Rouge.

Siempre el Oeste como Norte. Seis meses después de la muerte de Luca los Divididos se probaron sus propias ropas ante un público que llenó la sala. «Todos esperaban que apareciera Luca, y con el correr de las fechas se dieron cuenta que no, que no iba a aparecer».

Ahí arrancó el camino propio, a remar en dulce de leche, armando un repertorio propio (al que sumaban covers de Sumo, Los Doors y Los Who), una voz propia (Ricardo tenía un registro diferente antes de Sumo, durante Sumo y en los primeros Divididos, su voz original como cantante era más parecida al registro actual) y un sonido instrumental siempre demoledor.

Las primeras grabaciones, que se distribuyeron entre los medios interesados fueron «Che, que esperás?» y «Montón de huesos», con estos temas fue como salieron en el reportaje que les hice en mi casa, una semana antes del show de Rouge y ya con los folletos (no se les decía flyers) de la segunda fecha en City Pop de Ramos Mejía.

Primeras grabaciones de Divididos distribuidas a la prensa para su difusión, bajadas de su portasestudio y con bateria electrónica. En un lado del casete «Che, qué esperás?» en el otro lado «Montón de huesos».

Esa vez vinieron en la Fusca Volkswagen negra que había pertenecido a Luis Alberto Spinetta. Mi perro Charly salió ladrando de fondo durante todo el reportaje que se emitió en la FM Triac, frente a la Plaza de Hurlingham ese mismo viernes de junio.

38 años después, con muchísimo trabajo, creatividad y por mérito, Divididos es, quizás, la mejor banda de rock de la Argentina. Humildemente, Paisanos de Hurlingham.

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