Nueva edición de la Feria del Libro en Hurlingham: Leer en papel

Desde el miércoles 4 al domingo 8 de junio se va a realizar en la UNAHUR, una nueva edición de la Feria del Libro, organizado por la Municipalidad de Hurlingham. A propósito de este evento, en este artículo exclusivo para «El Clásico», el escritor Juan José Becerra habla de la tradición de leer textos en papel, del vínculo de las personas con este material y del rol del libro impreso.

por Juan José Becerra*

En el futuro es muy posible que el papel sea considerado un fetiche del pasado y las generaciones del porvenir puede que se pregunten ¿por qué lo fue?

Tendrán que tener en consideración como elemento de juicio principal la practicidad del papel para configurar ese objeto que también en el futuro será del pasado llamado «libro».

Las razones por las cuales durante siglos, seguramente no tantos, se imprimió sobre papel responden no solo a la practicidad sino también a la economía.

Era relativamente fácil -todavía lo es- imprimir letras sobre papel y además achicar el volumen de lo que sería la construcción de sentido verbal o la expansión del sentido verbal o la distribución del sentido verbal.

Pero también hay otra cuestión que tiene que ver con la relación de las personas que todavía leen textos en papel, ese tipo de personas que serán consideradas como rarezas en el futuro cuando, suponemos de una manera fúnebre, solamente se pueda leer en dispositivos electrónicos.

Esa relación, es una relación física como la que alguna vez tuvieron los niños con los juguetes de madera.

En el libro «Mitologías» de Roland Barthes (que ya es como una especie de guía de los acontecimientos culturales del siglo XX), hay un capítulo brevísimo sobre la relación de los niños con los juguetes de madera donde de una manera muy sensible, y al mismo tiempo súper lógica, Barthes explica las diferencias entre la relación de un cuerpo humano con un producto de la naturaleza, en este caso la madera, comparado con la relación con un producto de la naturaleza en su origen pero manufacturado y convertido finalmente a través de varios procesos en un elemento indirecto de la naturaleza como puede ser el plástico. La diferencia estaba a favor de la madera por su calidez, no digo ahora deduciendo aquel texto de hace tantos años que era una relación entre dos naturalezas, como si dijéramos entre dos humanos o entre dos animales o entre dos árboles, pero sí entre dos cosas vivas aún cuando  la madera obviamente convertida en juguete de madera ya no podemos considerarla como una materia viva, sí en todo caso una materia que ha vivido.

Con los textos en papel, con el libro sobre todo, yo creo que pasa más o menos lo mismo, uno sabe que las hojas de un libro alguna vez fueron un árbol, alguna vez fueron un bosque y yo creo que esa es la memoria que se va a buscar al interior de un libro además de la historia que se cuenta.

Después hay otras causas vinculadas a lo que podemos llamar «la perfección del objeto», pasan los siglos -aunque por supuesto no tantos- y vemos que el libro sigue siendo un objeto inteligente en el sentido de que es capaz de comprimir horas de tiempo, digamos horas del tiempo de la escritura y horas de tiempo de la lectura, que es el punto en común de la relación entre lector y escritor o entre literatura y lectura, eso que parece ser un hecho superficial es básico porque comprende la posibilidad de poder leer muchos libros.

Imaginemos que los libros hubiesen tenido un tamaño de un volumen muy superior al volumen actual, lo que sería un libro mediano, un libro estándar, imaginemos que un libro en vez de pesar 300 gramos, medio kilo o un kilo, si son muy extensos, pesaran una tonelada y que tuviésemos que pasar las hojas parados, es decir de pie frente a un libro que tuviese nuestro tamaño, la relación con la acumulación de libros de literatura de historias escritas sería diferente. Entonces esa practicidad, la del volumen, la de la reducción de historias por ahí monumentales como pueden ser las grandes novelas del siglo XX también tienen que ver con la eficacia del objeto y con su duración en el tiempo.

Es obvio que un día ese objeto va a desaparecer en nombre de otro que  posiblemente imaginemos como mejor. Mientras tanto lo tenemos, como tenemos también el automóvil, lleno de variantes alrededor de su función que es la de llevar y traer cosas y personas y sin embargo todavía no ha sido suplantado por otro objeto.

La clave de la existencia del libro, de los textos en papel, es justamente esa, no se lo ha podido reemplazar ni siquiera por su versión electrónica. Y mientras tanto podemos decir que su supervivencia goza de buena salud.

 

«Juan Becerra es periodista, escritor y guionista. Premio Konex 2024. Es autor entre otros libros de las premiadas novelas El espectáculo del tiempo, El artista más grande del mundo, ¡Felicidades! y su última novela Amor.

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