Por Rody Rodríguez.
El martes 28 de octubre de 2014 falleció a los 72 años Oscar Gutiérrez, un recordado y querido profesor de historia de escuelas secundarias de Hurlingham, de Morón e Ituzaingó y dirigente de la Democracia Cristiana.
Para los que transitaron las aulas del Echeverría y del Dorrego, como alumnos, como docentes o en cualquier función, su recuerdo es gratamente inevitable. También lo recuerdan aquellos que compartieron espacios políticos y ad-miraron su militancia progresista y quienes lo veían en su puesto de diarios y revistas en Morón, en la vereda del Banco Nación.
Gutiérrez fue uno de los que impulsó la imposición del nombre Manuel Dorrego, para la Escuela Secundaria N° 4″, la del turno tarde en el edificio que compartían con el Esteban Echeverría, la escuela de la mañana, en la que también era profesor.
Calidad de docente y calidez como ser humano son dos de las características con las que el «Gordo» Gutiérrez lograba cautivar desde la primer clase a sus alumnos.
Ser docente en épocas de la dictadura militar, y encima profesor de historia, fue una tarea muy difícil. Antes del golpe militar de 1976, Oscar Gutiérrez disfrutaba dando clases de ERSA (Estudio de la Realidad Social Argentina), era una materia incluida en el programa de la secundaria en 1974, que «tendía a promover entre los estudiantes la aptitud y la metodología para el análisis crítico de la sociedad, para la investigación, el diálogo y la creatividad…».
Obviamente, con la Dictadura la materia se levantó de la currícula porque según las autoridades educativas del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que conducía Jorge Rafael Videla, «ERSA promovía el espíritu subversivo de la juventud».
Muchos de los alumnos de segundo año, chicos de 14 años, festejaron en el 76, tener una materia menos, pocos entendieron por que Gutiérrez les dijo a sus alumnos, con lágrimas en los ojos, que ERSA no se daba más. Había todo un símbolo en la «desaparición» de esa materia.
Defensor de Juan Manuel de Rosas, admirador de Manuel Dorrego y de Mariano Moreno, Oscar Gutiérrez siempre encontraba el momento para hablar de esa historia de la que no se podía hablar en clase. Lo hacía fuera de hora, con grupitos muy chicos de alum-nos, con la cautela que la época obligaba.
Siempre tenía un consejo para los pibes, a los que trataba de una manera en la que muy pocos profesores lo hacían. Para él la autoridad no se imponía a los gritos ni amenazando con amonestaciones. Su autoridad surgía de su carisma, de un liderazgo natural que hacía sentir cómodo a los pibes, incluso a los más rebeldes.
En la militancia encontró la forma de reunir sus pasiones, la historia, la educación y la política. Militó en la Democracia Cristiana, integró el Frepaso y Proyecto Sur.
«Educar es un acto político, en cuanto supone un modelo previamente establecido de una sociedad históricamente realizable», escribió Gutiérrez alguna vez, inspirado en Paulo Freire y su pedagogía de la liberación que tanto influyó en ERSA, la materia desaparecida con la dictadura. En ese sentido insistía en que «en un proyecto político de liberación, la educación debe ser uno de los derechos humanos irrenunciables a la hora de construir un proyecto de país».
Oscar Gutiérrez, pasó sus últimos días en La Choza, un lugar que parecía una postal de principios del siglo pasado, ubicado en las afueras del Partido de Las Heras. Mantuvo hasta el final su cara de bonachón, con sonrisa pícara y su inseparable boina.
Nota publicada en EL CLÁSICO (octubre 2025).





