Un cacho de Hurlingham, un perfil de Héctor Merlos, hurlinguense figura nacional del Polo

Héctor Oscar “Cacho” Merlos nació el 11 de julio de 1944 en Hurlingham. Toda su vida estuvo ligada al polo, pasión por ese deporte heredada de su papá Fernando y trasladada a nuevas generaciones de Merlos que forman parte de la elite del polo nacional. En esta nota Joel Cortina Suárez recorre la trayectoria de este destacado vecino de Hurlingham.

Por Joel Cortina Suárez.

A lo largo de su historia, el Hurlingham Club ha brindado una considerable cantidad de figuras prominentes del polo, tales como el inglés Hugh Scott-Robson o el canadiense Luis Lacey, quienes han dominado la escena polística desde 1893 hasta 1905 y de 1920 a 1929, respectivamente. Más acá en el tiempo sobresale una dinastía de campeones surgida completamente de las caballerizas del Hurlingham Club: la familia Merlos.

El extenso recorrido de este clan y su histórico vínculo con las actividades equinas comienza con la llegada desde Europa de Fernando Merlos, quien se establece en Hurlingham en 1925. Así lo recordó su nieto, Juan Ignacio «Pite» Merlos, entrevistado en 2025 por Manuel «Tucán» Pereyra-Iraola y Estrada para su programa de stream Polo al taco: «Cuando llega de España fue a Mar del Plata, donde tenía un pariente que tenía unas vaquitas y, de alguna forma, le encomendó que ‘boyereara’ un poco las vacas. Perdió una en el camino y de vergüenza, de no poder volver a su casa y decir que su vaca se había muerto, empezó a cuidar caballos de carrera en un haras en Chapadmalal. Vino a vender potrancas en un remate anual un polista conocido del Hurlingham Club, lo conoció y lo llevó a cuidar sus caballos, y ahí arrancó la relación familiar con los caballos».

Asimismo, «Pite» reveló que Fernando también fue jugador de Polo, teniendo mucha participación en Inglaterra, donde principalmente se disputan, en equipos capitaneados por los propios «patrones» –royals o empresarios acaudalados que financian a los polistas para jugar con ellos en los torneos internacionales más relevantes–, el Campeonato Abierto Británico (el British Open) y la Copa de la Reina (la Queen’s Cup), competición en homenaje a Elizabeth Windsor. A propósito, «Pite» detalla el debut accidental de su abuelo: «Él viaja con este señor que lo vio, que se llamaba Farmer de apellido, a Inglaterra a cuidar sus caballos. Fernando no tenía hándicap y, cuando se lesiona un jugador, lo hicieron entrar [al equipo] con 0. Al poco tiempo, ya tenía 5 goles [de hándicap] y empezó a hacer una carrera en Inglaterra. Cuando vuelve a Hurlingham, en ese momento el lugar donde vivía, ya se relaciona con los [hermanos] Menditeguy Estrugamou, «Eduardito» Rojas Lanusse, y ya pudo empezar a jugar prácticas y estar a cargo de los caballos de esa gente que, en ese momento, eran importantes polistas en Argentina».

En ese fascinante ámbito ecuestre, merodeaba con asombro el inquieto hijo de Fernando, Héctor Oscar Merlos, un niño destinado a la grandeza, a llevar su indomable personalidad equina, su áspero carácter campero y, especialmente, su aguerrido espíritu de juego forjado en las canchas del Hurlingham Club a los torneos más esplendorosos y competitivos del mundo como no lo hacía ningún otro polista desde Robson y Lacey. Su comportamiento insinuaba la anomalía que representaba ya desde su niñez. «Yo era el raro al que, por ahí, mandaban a hacer mandados. Y yo iba chocho con la petisa. Después, donde podía agarrar un palito, ya lo revoleaba y taqueaba con cualquier pelotita que encontraba. Si encontraba una bocha de polo… bueno, bien. Si encontraba una de golf, le daba con la de golf. Pero era pasión, la que sigo manteniendo hasta ahora, ¿no?», contó «Cacho» Merlos en 2020.

No obstante, para construir el mito que sería en el futuro, Cacho tuvo que empezar desde cero, hacerse un nombre propio en el ámbito polístico. Es bien conocido por todos que a aquellos que no son de «familia polera» les resulta más difícil hacer una carrera. Pero el interés de Cacho no pasaba por la construcción de una trayectoria profesional. A él le atraían los caballos, pasar tiempo con ellos. Tanto era así, que hasta los supo conocer al dedillo, lo cual le brindó notoriedad en el Hurlingham Club. Así lo reconoce «Pite», su hijo mayor: «[Papá] Te hace ver un caballo malo, bien. (…) Y eso fue lo que vieron jugadores como Charly y Julio Menditeguy Estrugamou, que le daban a papá caballos para taquear cuando tenía 15, 16 años. Y se fue a Uruguay, se hizo socio de un club, ahí tuvo su hándicap y volvió a Argentina, a jugar en el Hurlingham Club ya con 5 goles, y después su carrera fue meteórica. Su primer gol de hándicap fue cuando tuvo 21 años».

Fotografía conmemorativa del Polo Club de Deauville con los ganadores de la Copa de Oro de 1967, F. Braun, L. Braun, R. de Balcany y Hécyor Merlos junto a Madame Barriere.

Así, la habilidad de Cacho, que pronto se revelaría como talento, lo lleva hasta Francia, donde en 1967 juega en el «Polo Club de Deauville», fundado por Robert de Rothschild (1880-1946). Y con este viaje, llega la primera conquista significativa. Como parte de «Saint Mesme», la organización establecida por el magnate Robert Zellinger de Balkany (empresario y polista cuyo nieto, Robert Ström, sigue sus pasos deportivos exitosamente), llega a la final del certamen y gana la codiciada Copa de Oro junto a los también argentinos Ignacio Braun Cantilo (tío del político y ex-funcionario público Marcos Peña) y Francisco Braun Lasala. Y a este destacado lauro, se le suma una victoria argentina aún más importante: la preciada Copa «Cámara de Diputados», gracias a su actuación en «Los Pingüinos», el equipo de la familia Braun, el cual lo completaban Martín Braun Lasala (hermano de Francisco) y precisamente los hermanos con Eduardo y Juan José Blaquier Nelson, integrantes de la rama glamorosa de la familia Blaquier que inició la recordada empresaria Magdalena «Malena» Nelson Hunter.

De esta manera, 1967 se convierte en un año bisagra en el camino de Cacho. Sin embargo, estas no serían las únicas veces que levantaría ambas copas. Volvió a ganar en Deauvilledos años después -jugando nuevamente para «Saint Mesme», con el inolvidable Eduardo «Gordo» Moore como principal cómplice de estrategias y jugadas-, y en 1974 -ahora como parte de «Cabañeros»-, y en 1976 repitió la conquista de la «Cámara de Diputados», pero con una particularidad, la cual radica en sus compañeros y en el equipo. Los jugadores eran los hermanos Francisco Emilio y Gastón Raimundo Dorignac y el mendocino Daniel González Tarántola. Y el club era «Santa Ana». Es acá donde esta historia cambia por completo y para seguir, es necesario volver al inicio.

El club que ostenta el récord de mayores triunfos del Campeonato Argentino Abierto es «Coronel Suárez», con 24 títulos. En veinte de todas esas veces, «Juancarlitos» Harriott de Lusarreta jugó en la posición Nº 3, es decir, como el armador de las jugadas. Su primera conquista data de 1957, al compartir equipo con el legendario Enrique Julián «Quito» Alberdi Tilloy (figura estelar del emblemático «Venado Tuerto»), Andino Grahn y… ¡su propio padre, Juan Carlos «Toto» Harriott Alberdi! Sin embargo, la alineación definitiva llegó en 1963, con Horacio Antonio y Alberto Pedro Heguy (cuyo padre, el patriarca de la familia polística Heguy, Antonio Horacio, también jugó para el Club y ganó el Argentino Abierto en 1958) y… ¡Alfredo Harriott de Lusarreta, el hermano menor de «Juancarlitos»! Es decir que el mejor jugador de Polo de la Historia se dio el lujo de ganar el certamen más importante del mundo con su padre y con su hermano vistiendo la camiseta del Club de la familia. La combinación de los Harriott de Lusarreta y los Heguy fue letal. «Coronel Suárez» dominó la «Catedral del Polo», la cancha 1 de Palermo, durante 22 años. En ese período de tiempo, nadie pudo hacerle frente… salvo un solo equipo: «Santa Ana».

«Santa Ana» el campeón en 1973: el Capitán Francisco Emilio Dorignac (Nº 4), Daniel González Tarántola (Nº 3), «Cacho» Merlos (Nº 2) y Gastón Raimundo Dorignac (Nº 1)

Fundado por Gastón Francisco Dorignac, el Club conoció a sus representantes más notables precisamente con los hijos de éste, Francisco y Gastón, quienes ya demostraban sus aptitudes a muy temprana edad al ganar la Copa «Santa Paula», un icónico torneo para estudiantes. Desde 1961, «Santa Ana» comenzó a disputarle a «Coronel Suárez» la final del Abierto de Palermo, al imponerse recién diez años después, con los hermanos Dorignac, el mencionado Daniel González Tarántola (quien ya lo había ganado en dos oportunidades previas precisamente con el equipo de «Juancarlitos») y Teófilo «Toti» Bordeu Baliero (hermano de Juan Manuel «Maneco» Bordeu, automovilista campeón del TC y esposo de la actriz y diva del Cine argentino Graciela Borges). No fue hasta 1973, con la incorporación de «Cacho» Merlos –gracias la invitación que le hizo González Tarántola, su amigo– y su descollante desempeño que «Santa Ana» sube al podio.

«Juancarlitos» Harriott de Lusarreta, Alberto Pedro Heguy, «Cacho» Merlos y Gonzalo Tanoira Graziosi entrevistados por el periodista Diego Bonadeo [1978]. Foto: Polo Today Retro
En la posición de nº 2, y al demostrar la singular audacia de todo jugador del Hurlingham Club, Cacho deslumbra en la vibrante final que le devuelve a Santa Ana su lugar de preponderancia absoluta en la escena polística global. Por primera vez, Cacho levanta «la plateadita», la anhelada copa del Argentino Abierto. Había logrado el sueño de todo polista… pero ese no es el único motivo que tiene para festejar. Ese mismo año, antes de jugar Palermo, había ganado el Campeonato Abierto del Tortugas Country Club y, sobre todo, ¡el Abierto del club en el que se crio, el de Hurlingham! Las palabras de «Pite» Merlos ahora resuenan con más contundencia. Sí, la carrera de Cacho fue meteórica. Con menos de treinta años, Héctor Oscar Merlos conquista la Triple Corona argentina, logro ser profeta en su tierra. Había llegado a la cima del Polo mundial. Había conseguido estatus de leyenda. Y volvería a ganar dos de esos tres certámenes, en diferentes años, pero siempre vistiendo la camiseta de Santa Ana, el club de los Dorignac, aquel que lo volvió un mito: Hurlingham en 1978 y 1986 y Palermo en 1982.

Un año antes, en 1981, Cacho se alzaba con la Copa de Oro del Campeonato Abierto Británico, en Inglaterra, donde conoció a la mismísima Elizabeth Windsor. «Los

«Cacho» Merlos levanta la Copa del Campeonato Argentino Abierto de 1982 ganada por Santa Ana junto a Francisco Dorignac, «Memo» Gracida Liceaga y Gastón. Dorignac .

equipos finalistas de la Copa de la Reina, o de la Copa Royal Windsor, generalmente tenían una invitación a tomar el té con la Reina en el palco real, en el Royal Box», recuerda «Pite».

No obstante, a pesar de conseguir semejantes logros, Cacho también tiene el desagrado de ser parte de una curiosa lista: la de los jugadores eximios que nunca llegaron a tener 10 goles de hándicap. Así lo rememoraba en 2020 el gran Guillermo «Memo» Gracida Liceaga, el dieciséis veces ganador del Campeonato Abierto Americano (U.S. Open) y el primer mexicano en resultar campeón de Palermo, precisamente en 1982 al lado de Cacho: «Fue una injusticia que [la A.A.P.] nunca le dio 10 goles porque todo el mundo sabía que era 10 goles de hándicap. Son de las injusticias de hándicap del Polo mundial».

«Cacho» junto a sus hijos «Pite», Sebastián y «Tincho» en los 70s. Fotografía coloreada con IA.

En medio de esta vorágine deportiva, durante las décadas de 1960 y 1970, Cacho tiene a sus tres hijos, fruto de su matrimonio con su compañera, Cristina Rojo: «Pite», Sebastián y Agustín «Tincho» Merlos, quienes se convertirían en grandes polistas, como su padre. «Jugué con ellos y puedo decir que los tres tienen algo de Cacho, quien tenía todo: el taqueo y la inteligencia de Pite, la garra y la equitación de Sebastián y la sutileza de Tincho», describió Memo en una entrevista en vivo para los hermanos brasileños Martins Bastos.

No es de extrañar al tratarse de jugadores formados en el Hurlingham Club: « (…) Y teniendo el [Hurlingham] Club enfrente, donde nos criamos nosotros la primera parte, con Sebastián habíamos hecho un agujerito en el alambrado de Hurlingham, lo levantamos y entrábamos a taquear a pie ahí, a las canchas, la 3, la 4 y la 5. Lo mismo le pasó a mi viejo cuando era chico: empezar a taquear ahí, empezar a codearse con algunos que jugaban al Polo, que era Polo de fin de semana en aquella época», relataba Tincho a la A.A.P. en 2020.

Las hazañas deportivas de sus hijos no tienen nada que envidiarle a las de su padre, ya que Pite y Sebastián, jugando juntos la mayoría de las veces, han resultado victoriosos en reiteradas ocasiones no sólo en exactamente los mismos torneos que ha ganado Cacho tanto a nivel nacional como internacional, sino también en certámenes igualmente competitivos, como la Triple Corona americana y el Campeonato Abierto de Costa del Pacífico en «Santa Barbara» Polo & Country Club; la Copa de la Reina, el Trofeo «Príncipe de Gales» y la Copa «Warwickshire» en el Reino Unido; la Copa de Plata en Sotogrande, España; o el Abierto del Jockey Club, el Torneo Metropolitano de Alto Hándicap y la Copa «Municipalidad del Pilar» en Argentina. En 2002, alcanzan la gloria deportiva al ganar el Abierto de Palermo como jugadores de La Dolfina, club del cual son cofundadores junto a Adolfo Cambiaso de Estrada y Bartolomé Fernando «Lolo» Castagnola.

Hace unos meses el Hurlingham Club le rendía un merecido tributo a Pite por haber ganado cinco veces su Campeonato Abierto, coronando así un largo camino de esfuerzo y perseverancia, valores y aptitudes que compartió con sus hermanos: «Pite es el más estratega; Sebastián, el más guerrero; y Agustín, el más virtuoso y el más parecido a mí en la cancha», reconocía Cacho en 2020, entrevistado por Carlos Beer para su publicación digital Clickpolo. Sin embargo, Pite y Sebastián, a pesar de ser campeones, y Tincho, aunque ostenta el récord de dieciocho tantos convertidos en un mismo partido de Palermo, y haber llegado los tres a los 10 goles de hándicap, la valoración más alta -logro que Cacho nunca alcanzó-, lo cierto es que no han podido ganar tantas veces como su padre el certamen polístico más importante del mundo. En este sentido, Cacho conoce muy bien la razón, por más dura que pueda resultar identificarla: «Cuando jugaban los tres, que tenían un gran equipo, primero La Mariana y después fue El Paraíso, yo les decía: ‘Controlen la parte emocional, y pueden ganar el Abierto’. Sin dudas estuvieron cerca, pero la adrenalina en la cancha a veces te hace cometer errores, y ellos los cometieron».

Cacho y Cristina se han convertido en abuelos de más de diez nietos, los cuales siguen sus pasos polísticos. Entre ellos, por ahora se destacan Juan Cruz Merlos Irazu, Santos Merlos Neyra y Rufino Merlos Caset. Al igual que Pite, su padre, Juan Cruz ha ganado la Copa «Municipalidad del Pilar» y ha tenido una nutrida participación en la temporada inglesa, como su abuelo y su bisabuelo, haciéndose con el Torneo «Indian Empire Shield», la Copa Centenaria «Reina Madre» o el Trofeo «Duque de Cornualles». Por su parte, Santos, hijo de Sebastián, inició su carrera al jugar en la Copa «Los Potrillos», el certamen infantil más importante del mundo con base en Argentina, claro, levantándola en un equipo que formó junto a sus amigos Lucas «Lukín» Monteverde III (hijo del campeón de Palermo Lucas Monteverde II), Adolfo «Poroto» Cambiaso Vázquez (hijo de Adolfito Cambiaso) y Kristos «Keko» Magrini Ruiz (hijo de Matías Gonzalo Magrini). A este lauro se le suman la Copa «William Townsend Ylvisaker» y el Torneo Conmemorativo «Joe Barry» en Estados Unidos y la «Duque de Cornualles», como Juan Cruz.

Rufino es hijo de Tincho y de Celina Caset. Por parte materna, es sobrino de Guillermo «Sapo» Caset (subcampeón de Palermo, Hurlingham y Tortugas) y nieto de Guillermo Alberto Caset (fundador del club de polo «Santa María de Lobos», famoso por haber tenido como jugador a la mismísima estrella hollywoodiense Tommy Lee Jones). En 2024, jugando para «Marqués de Riscal» (el equipo del bodeguero español Alejandro de Aznar y Sainz capitaneado por «Poroto» Cambiaso Vázquez), Rufino conquistó, con tan sólo 16 años, dos de los tres torneos que constituyen la Triple Corona americana, aquella que dominaron varias veces sus tíos Pite y Sebastián: el Abierto Americano y la Copa de Oro. El semillero crece a pasos agigantados.

«No existía el objetivo, que existe hoy, de que podés ser profesional de Polo y te pueden ir bien las cosas. Era la pasión y el deporte los que te entusiasmaban», confiesa enfáticamente Cacho desde «La Mariana», el campo familiar que adquirió en los 90s. Alejado de las canchas en tanto jugador, continúa el legado que le brindó don Fernando: la actividad equina. «Mi padre volvía de Inglaterra con una bolsa con plata, que eran libras esterlinas, atada con una goma o con un hilo, y con el nombre de los clientes: ‘A este le tengo que llevar dos [caballos]; a este, uno; al otro, cuatro; al otro, cinco…’. Y yo, cuando llegué a Europa, también me pasó exactamente lo mismo: gente que me empezó a pedir caballos. Ahí arranqué», contó Cacho. «Hasta el día de hoy vende caballos, casi por teléfono, a todos lados. A muchos lados donde no vendemos. Le encanta y lo tiene adentro. Y ahora en noviembre es una fiesta acá, en la caballeriza, porque vienen extranjeros de todos lados del mundo a visitarlo, a pasar dos o tres días con él. O sea que las relaciones de él, a nivel mundial, son tremendas. Entonces, abrió muchos contactos en muchos lados», compartió Tincho sobre la huella que ha dejado su padre en cada persona que conoció a lo largo de más de veinte años de camino. «Ver de dónde él empezó y hasta dónde llegó… Logró ser integrante del Seleccionado Argentino, ganar la Triple Corona [argentina], poniendo sus sueños como objetivo y nunca claudicando cuando no le salía», afirmó Pite, conmovido.

Cacho con su nieto, Santos Merlos Neyra, en 2024.

Hoy, Héctor Oscar Merlos, con 82 años, observa el camino de sus nietos junto a Cristina desde «La Mariana» como la leyenda en que se ha convertido. Pero para quienes habitamos el viejo pago del oeste, nos emociona que guarde con afecto los recuerdos de su infancia en su barrio natal, y siempre lo conoceremos como «Cacho de Hurlingham».

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